Treinta y nueve años después, no puede uno dejar de sentir un déjà vu estos días debido a la abusiva matraquilla pro monárquica con que nos bombardean por tierra, mar y aire. Unánimes, las televisiones, las radios y los periódicos se deshacen en loas y panegíricos del viejo monarca y del nuevo rey.
La náusea vuelve envuelta en algodones de sesudas razones para justificar que en esto la gente no tenga ni voz ni voto. Lo que sea, menos permitir la menor grieta en el acorazado monárquico. Todo atado y bien atado, y nada de mariconadas democráticas.

